Transfiguracin

Ser cristiano en el siglo XXI pide vivir según el Espíritu. Solamente en la apertura a la experiencia del Espíritu podremos anunciar al mundo el misterio de Jesucristo, muerto y resucitado. Después nos podremos abrir a la Iglesia como comunidad de Jesús, santa y pecadora, que bajo la fuerza del Espíritu da testimonio en el mundo. La Iglesia es el hogar de la Palabra y de los sacramentos y trabaja para hacer presente el Reino de Dios, edificando un mundo más humano y más justo, donde todos podamos vivir como hermanos e hijos del Padre. El Espíritu del Señor nos conduce hacia Cristo y Cristo nos lleva hacia el Padre. Nadie puede decir que Jesucristo es el Señor si no es movido por el Espíritu (1 Cor 12,3).

Una lectura transversal de la historia de la salvación nos permite ver que junto al Dios creador del cielo y de la tierra está el Espíritu dando vida en medio del caos primigenio (Gn 1,2); el Espíritu prepara la venida de Jesús en el pueblo de Dios, suscita jueces y profetas, aparece en la encarnación de Jesús cubriendo las entrañas de María con su sombra (Lc 1,35) y unge a Jesús en su bautismo.

El Espíritu acompaña toda la vida de Jesús. Es el Espíritu quien lo resucita de
entre los muertos (Rm 8,11) y concede el gran don de la Pascua del resucitado (Jn 20,22). Finalmente, en Pentecostés, el Espíritu desciende sobre la Iglesia primitiva (Ac 2,1-47) y se abre al mundo. El Espíritu está activo en toda la historia de la salvación hasta el fin de los tiempos. Sin el Espíritu, Dios permanece lejano y Cristo queda reducido a un personaje del pasado. La transfiguración de Jesús, a mitad de camino del cielo, en la que interviene el Espíritu, es la manifestación de la unión total de dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Jesús.

No es de extrañar que el olvido del Espíritu sea el motivo por el cual algunos tienen sensación de asfixia, agnosticismo, miedo, nihilismo, caos y muerte. El ahogo humano es ahogo espiritual, sin el Espíritu no podemos respirar, nos falta vida, esperanza y alegría porque nos quedamos sin futuro.