La Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte que nos llama a la conversión, al arrepentimiento y a la humildad. Como dice su nombre, consta de cuarenta días de preparación antes de la Pascua que debemos aprovechar para irnos disponiendo a la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección triunfante del Señor el Domingo de Pascua. Conversión, arrepentimiento y humildad van entrelazadas entre sí para darnos un verdadero espíritu cuaresmal. Hemos iniciado esta semana la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, con la imposición de la ceniza, ritual por el que -en humildad- reconocemos lo que somos -nada ante Dios- y lo que debemos hacer – arrepentirnos y regresar a Dios o acercarnos más a Él-. El ritual de la imposición de la ceniza que hemos celebrado nos lleva, entonces, a recordar nuestra nada: «Polvo eres y al polvo volverás».

El fruto más importante de una Cuaresma bien comprendida es la conversión. Precisamente la fórmula alternativa a la anterior en el momento de la Imposición de la ceniza ha sido la siguiente: «Conviértete y cree en el Evangelio». Es importante tomar en cuenta estas palabras. Convertirse es volverse a Dios, regresar o acercarse más a Él. La conversión es un programa de toda la vida. Todos -sin excepción- necesitamos convertirnos: hasta el más santo puede todavía ser más santo aún. Cada uno, en el interior de su corazón, sabe cuál es aquella falta que el Señor desea que deje. La Cuaresma es el tiempo propicio para el arrepentimiento, que es una gracia que el Señor nos concede si realmente lo deseamos y si verdaderamente lo buscamos. Por eso decía al comienzo que el verdadero espíritu de la Cuaresma está en estas palabras: conversión, arrepentimiento y humildad.

Jesucristo nos indica en el Evangelio los medios especiales para ser humildes, para arrepentirnos y para convertirnos. Son la oración, el ayuno, y la limosna. Quien haga estas cosas para ser reconocido o alabado, no sólo se pierde sus frutos y vivir un verdadero espíritu cuaresmal, sino que comete un pecado escondido de falta de rectitud de intención, de impureza de corazón. Feliz inicio del ejercicio cuaresmal.