«La Cuaresma no es un tiempo triste. Es un tiempo de gracia. Es la oportunidad de volver a empezar»
Estamos ya a las puertas de la Cuaresma. El Miércoles de Ceniza marcará el inicio de este camino santo con un gesto tan sencillo como profundo: la imposición de la ceniza en nuestra frente. «Conviértete y cree en el Evangelio», «Recuerda que eres polvo y al polvo volverás», palabras que no quieren humillarnos, sino despertarnos.
La ceniza nos habla de verdad. Nos recuerda que la vida es frágil, que no somos dioses, que necesitamos a Dios. En una sociedad que a menudo nos invita a aparentar, a huir del silencio y a maquillar nuestras debilidades, la Cuaresma nos propone lo contrario: la sinceridad de corazón. ¿Qué actitudes debemos cultivar? En primer lugar, la humildad. Reconocer con serenidad nuestros pecados, nuestras incoherencias y nuestras tibiezas. Sin excusas, sin culpar a los demás. Solo desde la verdad puede nacer una vida nueva. En segundo lugar, la oración. No como una obligación, sino como un regreso a casa. Dedicar tiempo al Señor, escuchar su Palabra, dejar que su amor nos transforme por dentro, he aquí una gran necesidad para nuestra vida. En tercer lugar, el ayuno y la limosna. El ayuno nos libera de la esclavitud del consumo y nos recuerda que no todo es necesario. La limosna abre nuestros ojos a los hermanos que sufren y nos hace salir de nosotros mismos.
La Cuaresma no es un tiempo triste. Es un tiempo de gracia. Es la oportunidad de volver a empezar. Dios no se cansa nunca de nosotros; somos nosotros quienes nos cansamos de Él. Por eso, cuando llegue el Miércoles de Ceniza, dejemos que las cenizas toquen también nuestro corazón. Que esta Cuaresma sea para todos un camino sincero de conversión y de esperanza.