Transfiguration

La Transfiguración de Cristo es un momento de revelación y de esperanza. En el monte Tabor, Jesús se muestra glorioso ante Pedro, Santiago y Juan, manifestando su divinidad y anticipando su victoria sobre la muerte. En este misterio resplandece el destino último del ser humano y del mundo entero: la transformación en la luz de Dios. La Transfiguración no es un episodio aislado, sino que forma parte del camino de Jesucristo hacia la Pascua. Después de anunciar su pasión, el Señor permite que sus discípulos vislumbren su gloria, fortaleciendo su fe para afrontar el escándalo de la cruz. De la misma manera, nosotros, en nuestro peregrinar cristiano, necesitamos momentos de luz que nos sostengan en la esperanza y nos impulsen a seguir a Cristo con fidelidad.

Pero la Transfiguración no sólo nos habla del destino glorioso de Jesús, sino también de la vocación de la humanidad. Dios no nos creó para la oscuridad del pecado ni para la desesperanza, sino para la vida plena en comunión con Él. La gracia de Cristo tiene el poder de transfigurar nuestro corazón, sanando nuestras heridas, purificando nuestros deseos y elevándonos a la dignidad de hijos de Dios. Como dice San Pablo: «Nosotros todos, a cara descubierta, reflejamos como en un espejo la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con gloria creciente» (2 Cor 3,18).

La transfiguración de la humanidad no es un acontecimiento meramente individual, sino que tiene implicaciones para el mundo entero. Si el ser humano está llamado a la gloria de Dios, también lo está la creación. San Pablo nos recuerda que «la creación entera gime con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos de Dios» (Rom 8,22). Nuestra vocación cristiana nos impulsa a trabajar por un mundo más justo, más fraterno y más en armonía con el plan divino. La Transfiguración de Cristo nos llama, por tanto, a la conversión. No podemos quedarnos en la contemplación pasiva del misterio, sino que debemos dejarnos transformar por la gracia para ser testigos del Evangelio.