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Con el verano llegan las vacaciones y el descanso tan necesario del trabajo que nos ha ocupado durante el año. Es bueno hacer un paréntesis para descansar, cultivar las relaciones familiares, visitar otros sitios y lugares de interés y dedicarnos a alguna actividad cultural. Las posibilidades que nos ofrece el verano son inmensas y no podemos desaprovecharlas, aunque el calor ralentice nuestro ritmo habitual. Ahora bien, este ritmo más pausado, ¿no nos ayuda ver que a menudo vamos demasiado acelerados y que lo importante no es hacer muchas cosas sino su calidad, la dedicación y el amor que ponemos en bien de los demás? Esta circunstancia nos ayudará también a considerar que si, a lo largo del año, somos más generosos y estamos más dispuestos a repartirnos solidariamente las tareas, unos no irán siempre cargados de cansancio, mientras otros sólo miran o, lo que es peor, critican. Viviremos la fraternidad cristiana en estos detalles de la vida si seguimos el consejo que san Pablo nos da: «Ayudaos a llevar mutuamente vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo» (Ga 6, 2) . Así pues, al empezar el próximo curso, ante la solicitud de un servicio en bien de la comunidad, frases como «No tengo tiempo», «No estoy suficientemente preparado / preparada», «Tengo demasiado trabajo» y otros por el estilo, no se acaben convirtiendo en excusas de mal pagador.

Aunque las posibilidades que nos ofrece el verano son múltiples, siendo realistas nos damos cuenta de que no podemos abarcarlo todo y tendremos que seleccionar algunas opciones para servir mejor al prójimo y crecimiento personalmente de la manera más idónea. Pero, más allá de todas las opciones válidas y loables que puedan presentarse, hay dos elementos irrenunciables que deben ser el denominador común de todos los cristianos:

El cultivo de la espiritualidad, de la relación con Dios a través de la oración y la meditación personal y de la liturgia de la comunidad cristiana. Si estamos fuera de Rubí durante unos días o unas semanas, nos enriquecerá mucho la participación en la Eucaristía de otras comunidades donde también nos encontraremos con hermanos cristianos con los que compartimos una misma fe, aunque tengan otro talante y hablen otros idiomas .

Las actitudes propias de los seguidores de Jesucristo; estas actitudes las debemos manifestar con nuestro modo de ser y de actuar. Y, como cristiano significa «otro Cristo», cabe preguntarse ante las circunstancias que nos presenta la vida: «¿Qué haría Cristo en este caso? ¿Cómo actuaría? ¿Qué respuesta daría?» Y obrar en consecuencia. Durante el verano podemos descansar y hacer vacaciones de muchas cosas, pero no de ser cristianos. El discípulo de Cristo lo es todos los días del año.