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En la medida en que me hago mayor tengo la sensación de que el tiempo pasa más rápido. No hace mucho terminábamos un curso, y ahora pronto empezaremos otro; pero en el transcurso del tiempo, hemos pasado un verano, época para el descanso y la reflexión, tiempo que Dios nos regala y nos ayuda a crecer. En la parroquia hemos aprovechado el mes de agosto para pulir el suelo del templo y darle brillo, que ya le hacía mucha falta. Lo que nosotros hemos hecho con el templo de piedras materiales, Dios quiere realizarlo con su Iglesia, formada por piedras vivas. Este curso será importante para la parroquia y para la vida de cada uno de sus feligreses. Podríamos hacer una larga lista de acontecimiento: unos que están a punto de ocurrir, y otros que sucederán con más clama a lo largo de los próximos meses. En primer lugar, entraremos en el año 2020 y empezaremos una nueva década; en estos casi cuatro lustros hemos sido testigos de muchos y significativos hechos históricos; y es que en nuestra época hemos vivido más acontecimientos en veinte años que los que habían podido vivir toda una serie de generaciones precedentes en dos siglos. El avance científico-técnico de estos últimos años ha sido brutal y seguirá siéndolo en los años futuros. Ahora bien, en la parroquia, toda la comunidad cristiana tiene que ser como un faro que ilumine con la fe, la esperanza, el amor y la oración la ruta y el crecimiento de la vida espiritual, de la relación con Dios y con los hermanos, de nuestra amada ciudad de Rubí.

Pronto empezaremos la catequesis en todos los niveles: niños, adolescentes, jóvenes y adultos, pondremos en marcha nuevos cursos Alpha, Cáritas seguirá apostando por las personas en su planificación y acción, no nos desentenderemos de los enfermos y ancianos –en las residencias o en sus domicilios–, continuaremos acogiendo nuevos miembros en la comunidad cristiana, seguiremos con las reformas para mejorar el templo y el pequeño patrimonio inmobiliario que las generaciones anteriores nos han legado para poderlo transmitir más hermoso y consistente a las que vendrán. Y quizás también seguiremos siendo criticados por aquellos que sólo hablan y nada hacen; pero eso forma parte de la vida y es buena señal: «Ladran, luego cabalgamos».

Sin embargo, hay un hecho de este inicio de curso que me entristece: las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell se van de Rubí, a causa del envejecimiento de la comunidad y de la falta de vocaciones. Todo esto nos muestra la necesidad de orar por las congregaciones y órdenes religiosas, por sus necesidades y por la misión que realizan en el seno de la Iglesia y del mundo, al mismo tiempo que nos lleva a agradecer todo el tiempo de estancia de las hermanas en Rubí y de su obra realizada entre nosotros. Deseamos que esta ausencia solamente sea temporal, sirva para fortalecer a la congregación y que de nuevo podamos ver una nueva comunidad de hermanas entre nosotros.