Dos hechos importantes marcarán la segunda quincena de enero en las parroquias de Rubí: la visita de la Cruz de Mosul y la Semana de Oración por la unidad de los cristianos. La Cruz de Mosul ha llegado ya a Santa María y del 23 al 30 de enero estará con nosotros en Sant Pere acompañando nuestras celebraciones y encuentros de oración; su visita coincidirá con el final de la Semana de Oración por la unidad de los cristianos. Un acontecimiento puntual que se suma a otro hecho consolidado que realizamos cada año, ambos con un fuerte significado ecuménico.

La Cruz de Mosul se salvó de la profanación y el incendio de la iglesia de Santa Simeona de Bartella, en Mosul, en el Valle de Nínive, en Irak, templo que hoy se está reconstruyendo. La santa titular de este templo, Simeona, es, según la tradición, la madre de los siete hermanos Macabeos, una santa que dio su vida por la fe y que es venerada por una Iglesia mártir y perseguida. Esta cruz señalaba una de las estaciones del Via Crucis en aquella iglesia y tiene claras marcas de haber sido quemada. Para realzarla se ha ornamentado otra cruz de mayores dimensiones en la que se ha engarzado la cruz dañada. En el travesaño horizontal están grabadas las letras Alfa y Omega; en el travesaño vertical está dibujado el Cordero cuya sangre cae sobre la cruz dañada y figura la cita: «Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen» (Mt 5,44), algo que los cristianos de Mosul ponen en práctica a diario y tienen muy presente ahora que muchos de ellos han decidido regresar a sus hogares, destruidos por el odio; bien cierto que su amor será más fuerte. El año 2014 el Estado Islámico invadió Mosul y Nínive, razón por la que 120.000 cristianos tuvieron que huir con lo puesto. Tristemente, mientras eso sucedía, en Occidente callábamos y mirábamos hacia otro lado. Ellos lo abandonaron todo para permanecer fieles a Jesucristo y nosotros a menudo nos tomamos el cristianismo muy a la ligera. Durante todo este tiempo, Ayuda a la Iglesia Necesitada ha apoyado a los cristianos iraquíes económicamente con alojamiento, comida y medicinas; ha escolarizado, además, a 15.000 niños refugiados. Esta fundación pontificia está reconstruyendo más de 360 edificios de la Iglesia destruidos por el ISIS y más de 13.000 casas para que los cristianos puedan regresar.

La comunidad cristiana de Irak está formada principalmente por dos Iglesias separadas por motivos históricos: los caldeos (católicos) y los asirios (ortodoxos); ambas comparten un mismo rito litúrgico, el siro-caldeo y también ambas participan en un mismo martirio causado por la persecución. Asimismo, tenemos que añadir a los hermanos cristianos protestantes que sufren igualmente este martirio. Más allá de las divisiones que han herido a la Iglesia a lo largo de los siglos, debemos tener presente que quienes nos persiguen nos ven como seguidores del único Cristo, y eso nos une. En la Semana de Oración por la unidad de los cristianos debemos tener muy en cuenta esta unión común con Cristo, que ha de ir haciendo crecer la unión entre quienes hemos depositado en Él nuestra fe, y el testimonio heroico de estos hermanos nuestros, mártires y confesores, para quienes vivir la fe cristiana no es algo banal, sino que, se juegan la vida al mostrar el Evangelio.