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Esperaba una vez a unos novios para celebrar su boda y ¡cuál fue mi sorpresa al ver que vestían de primera Comunión! Ambos iban encogidos con aquella ropa. ¿Verdad que es una imagen grotesca? Quizás no con la ropa, pero sí con la fe, sucede algo parecido en muchos novios y personas adultas: se quedaron con lo que aprendieron en la catequesis de primera comunión, y su fe no pasó de esta etapa, sin crecer ni adecuarse a su crecimiento como personas ni a las circunstancias de cada época. En la actualidad, cuando hay tantas personas que han realizado estudios medios y superiores, hay paradójicamente una gran ignorancia en materia religiosa; pero, como la ignorancia es muy atrevida, muchos que no saben ni las cuestiones más elementales de la revelación cristiana se ponen a hablar como si fueran grandes expertos.

El apóstol San Pedro nos dice: «Estad dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto» (1 Pe 3,15-16). Para poder dar una explicación es preciso primero haber orado, leído, estudiado y profundizado en la Palabra de Dios y en la enseñanza de la Iglesia; es necesario haberse formado, en definitiva. La formación es una tarea continuada, que nunca termina, ya que, a medida que vamos aprendiendo, más conscientes nos hacemos de lo que no sabemos; por eso, es necesaria la formación permanente. Para ello tenemos muchos medios a nuestro alcance como libros, revistas y publicaciones, Internet, que nos ofrece una gran riqueza de contenidos y posibilidades, cursos, conferencias y sesiones de catequesis, que la parroquia nos propone.

Hay una base fundamental que está al alcance de todos y que no podemos descuidar: la oración y la lectura de la Biblia

No obstante, hay una base fundamental que está al alcance de todos y que no podemos descuidar: la oración y la lectura de la Biblia. Por oración entendemos tanto la que se hace personalmente en casa como la que hacemos comunitariamente en la iglesia, y en este sentido debemos remarcar la importancia de la participación en la Liturgia. Y respecto a la lectura de la Biblia, es necesario que seamos muy asiduos a ella, podemos recurrir a un plan de lectura que nos facilite leerla entera. Posiblemente, al empezar, habrá algo que no terminaremos de entender, pero con el tiempo, la constancia y la consulta a personas expertas, iremos aclarando muchos aspectos.